Tantos usuarios noveles de las redes sociales se comprometen rápidamente en cuanta plataforma de “intereses comunes” surge y con sus publicaciones individuales comienzan a organizar sus pensamientos y a conocer el de otros. Tras unas pocas semanas están allí con su blog, cuya complejidad y nivel de compromiso supera muchas veces lo que pensaban que les costaría, sin contar con las obligaciones adicionales adquiridas con decenas y centenas de contactos que se metieron en la red con el mismo propósito: escribir y ser leídos.
Las expectativas terminan siendo muy sesgadas porque muchos pretenderán que los visiten todos enseguida aunque no puedan visitar a todos sin distinción. También se arriesgan a que les toque alguno cuyo blog tarda media hora en cargar (porque tiene en su página de bienvenida 10 videos, 8 fotos en alta resolución que no supo o no quiso optimizar, 4 reproductores de canciones, 32 widgets de Java script que informan con pelos y señales todas sus aficiones, desde las deportivas hasta las cibernéticas, en dónde estudió, los clubes de amigos (nunca hubo tantos desde que apareció Internet), los seguidores… y su entrada (post) más reciente, tras esa media hora de espera, dice simplemente “Mientras preparaba un café esta mañana, pensé: “¡qué lindo es vivir”…”
(…artículo completo en Neolectum)






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