En un tranquilo mediodía, bajo la protectora sombra de las glorietas que bordean el Segura a la altura de Rojales, sólo queda escuchar la brisa que disfraza el calor imperante y la espontánea disputa de patos y ocas por un brote recién descubierto o un pedazo de pan lanzado solidariamente desde el paseo.
Es viernes y se nota, los bares bullen con las sonrisas de los trabajadores que han iniciado su pausa larga junto a una cerveza, un plato con las raciones del día, un mazo de cartas en algún caso, un murmullo en inglés desde otra mesa. En la calle sólo trabajan las contratas beneficiadas por el Plan E, una de las tantas vagonetas de ayuda que el Estado distribuyó para paliar una recesión que ha frenado su crecimiento pero aún no ha detenido su marcha.
Una campanada de cuartos y el correspondiente coro de perros de un patio oculto tras una tapia rompen la monotonía. No hay acceso (libre) a la red en esta plaza, no hay posibilidades entonces de engañarse con la modernidad artificial que bombardea Internet y sólo queda darse un baño de tranquilidad forzosa. Deseada secretamente.
Los escolares vuelven a sus casas y no parece otoño, por sus ropas y por el sol que los colorea. Ya no es otoño a finales de octubre en el Mediterráneo. Ya no es posible prever las cosas del mismo modo. Simplemente hay que dejarse llevar, huir del sol si está muy fuerte, de la lluvia si aparece de sorpresa, de la realidad urbana si te agobia.
La gran ventaja de estas extrañas escapadas es comprobar que siempre es posible marcar distancias sin perder la posibilidad de volver a la vorágine y que siempre, también, es posible saborear opciones menos destructivas de sobrellevar los años que nos queden sobre la tierra.
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“L’inferno dei viventi non è qualcosa che sarà; se ce n’è uno, è quello che è già qui, l’inferno che abitiamo tutti i giorni, che formiamo stando insieme. Due modi ci sono per non soffrirne. Il primo riesce facile a molti: accettare l’inferno e diventarne parte fino al punto di non vederlo più. Il secondo è rischioso ed esige attenzione e apprendimento continui: cercare e saper riconoscere chi e che cosa, in mezzo all’inferno, non è inferno, e farlo durare, dargli spazio.”
Al leer el blog vinieron a mi memoria estas palabras de Italo Calvino donde nos dice que el infierno está aqui y una de las formas de sobrellevarlo es distinguir qué cosas y quienes dentro del infierno no lo son y hacerlas durar… es decir, darse tiempo para encontrar los espacios de paz que puede tener la locura en que nos hallamos inmersos.
Ulrich Beck formuló la idea de la Sociedad del riesgo, las nuevas revoluciones que están impactando en el seno de nuestra vida sin que tengamos tiempo de digerir todos los cambios en los que nos encontramos inmersos, quizás por eso, en medio de todos esos cambios, una tarde cansina de otoño/verano mediterráneo en una plaza de la Vega Baja, sea la forma de encontrar esas cosas y esas personas que dentro del infierno, no son infierno…