Imbuido por una patológica inclinación masoquista pasé dos semanas completas buscando, comprando y leyendo revistas norteamericanas de la farándula y del jet-set. Recientemente me han pedido que deje el país para aumentar el coeficiente intelectual de la población, tan alicaído desde la Guerra de Secesión, por otra parte. Después de mi lectura de las revistas, yo estaba listo para descompensar cualquier estadística. Incluso, el FBI tomó cartas en el asunto. (…)
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El Llanero Solitario, uno de nuestros colaboradores transoceánicos, optó por comentar con mari-puris estadounidenses los contenidos de la prensa rosa habitual. Pero debido al efecto de “lector pasivo” pronto dejó de ojear revistas de terceros para pasar a comprarlas y leerlas en cualquier parte, a escondidas, en el baño, o ya sin pudor frente a conocidos. Mientras se recupera, nos gustaría que opinen sobre la incidencia que perciben de la prensa rosa en vuestras sociedades.
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