La reciente tournée de Obama por Europa para recibir un polémico Premio Nobel de la Paz con un discurso que justificaba la guerra siempre que fuera “proporcional y justa”, incluyó también a Copenhague donde echó por tierra todas las expectativas de cambio de actitud con respecto al cambio climático, al limitarse a plantear un pulso a China por ver quién de los dos principales contaminantes del planeta da el primer paso… Y a ello suma ahora un progresivo rechazo en su propio patio. Sus votantes se preguntan por qué no afloja en Afganistán, tal como prometió en la campaña. Pero no saben si había prometido algo aparte a HuntOil y otras petroleras adjudicatarias de licencias y dirigidas por miembros del equipo de promotores de la invasión. Sus votantes hispanos también se preguntan por qué multiplicó la oleada de expulsiones de extranjeros “sin papeles”, en lugar de regularizarlos. Claro, así se liberan puestos de trabajo para paliar el crecimiento del desempleo. Los neocon se regodean, porque ya han visto que de seguir así sólo hay que esperar un par de años y recomenzar con el circo de las “primarias”. El espectáculo continúa mientras en el camerino Obama repinta una y otra vez una sonrisa que cada vez cuesta más de mantener ante la opinión pública. • (leer artículo completo)
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