Unas pintadas en tierras valencianas pidiendo la “liberación de los compañeros de SEGI” vuelve a demostrar la práctica ausencia de debate político en las generaciones jóvenes, que en el fondo heredan el inmovilismo adoptado por los políticos de primera línea en los últimos 15 años. Parece que alcanzado cierto nivel de desarrollo económico y de estabilidad de la democracia, en España los grandes partidos dejan que el país avance con la inercia que dan los capitales, mientras una confusa porción de la juventud piensa que ser progre es ser violento y tiene una visión muy particular del significado de la lucha de clases.
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