(… ) Desarrollar una aversión hacia una lengua (en este caso hacia el castellano dentro de Cataluña) es un signo de auto-limitación, porque se rechaza una oportunidad de ampliación de la riqueza cultural. Las lenguas no son, per se, signos de identidad territorial ni signos de “nacionalidad” porque los límites administrativos de un territorio no dependen de un registro lingüístico determinado.
(…) Los factores que fundamentan las reclamaciones de ese tipo son mucho más complejos que la mera utilización de una lengua y las actitudes como la de Minoves sólo constatan la total falta de sentido común en un colectivo que desperdicia las oportunidades de mostrar ante visitantes internacionales su (presunto) saber-hacer.
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